La Balanza
Ignatius Reilly, 21, Pradena
Lanzaba las monedas al aire con gesto decidido y con el mismo tesón las recibía en la palma. La primera valdría un juguete, la segunda unos dulces y la restante bien seria intercambiable por alguno de sus sueños: tocar las nubes, formar parte de los paisajes, reírse todos los días de su vida.
El canturreo del niño se espaciaba camino al supermercado, mientras las monedas sobrevolaban el azul, cada vez más altas. En los pasos próximos a la meta una racha de viento desvío el recorrido de los metales, cuyos cantos entraron perfectos en una alcantarilla, dejando los sueños intactos.
El canturreo del niño se espaciaba camino al supermercado, mientras las monedas sobrevolaban el azul, cada vez más altas. En los pasos próximos a la meta una racha de viento desvío el recorrido de los metales, cuyos cantos entraron perfectos en una alcantarilla, dejando los sueños intactos.