La cana
Queiroga, 39, BARDAOS (SANTA MARIA-SAN SADURNIÑO)
Encontré la primera cana una mañana cualquiera, justo encima de la frente.
Me acerqué al espejo como quien descubre una grieta en la pared de casa. Pensé en arrancarla, pero recordé las manos de mi madre peinándose antes de salir, buscando las suyas con el mismo gesto.
Entonces no la toqué.
La dejé allí, brillando entre las demás, pequeña y descarada.
No era vejez.
Era una carta que el tiempo me había escrito en la cabeza.
Me acerqué al espejo como quien descubre una grieta en la pared de casa. Pensé en arrancarla, pero recordé las manos de mi madre peinándose antes de salir, buscando las suyas con el mismo gesto.
Entonces no la toqué.
La dejé allí, brillando entre las demás, pequeña y descarada.
No era vejez.
Era una carta que el tiempo me había escrito en la cabeza.