CAST / GAL

Latidos
Judith, 36, Reus

Cuando nació su hijo, creyó que lo más difícil serían las noches sin dormir. Se equivocó. Lo más difícil fue aprender a no culparse por cada tropiezo, cada fiebre y cada decisión tomada con miedo. Una tarde, mientras lo veía correr detrás de un balón con una sonrisa, comprendió algo. Su hijo no necesitaba una madre perfecta, sino una que estuviera presente, que lo abrazara tras cada caída y celebrara cada pequeño logro. Sonrió en silencio. Entendió que la maternidad no era la ausencia de errores, sino el arte de amar con todo el corazón, incluso cuando aparecían las dudas.
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