El otro, otra vez
Diego JB, 51, Oleiros, A coruña
Le encontré de nuevo junto al río. Me reconoció al instante.
—Hace tiempo que deseaba verte —dije.
—Yo esperaba no hacerlo.
Charlamos ya sin la sorpresa del primer encuentro. Entonces pregunté:
—¿Soy, en esencia, el mismo que seré en el futuro?
—Indudablemente no. Cambiaras, sin darte cuenta.
—Tengo claro quien soy y mis convicciones no cambian. Un hombre es sus convicciones. Sin ellas...
—Cambiarán tus convicciones, incluso tus recuerdos. Harás lo que negaste, aceptarás lo inaceptable, te aburrirá lo amado hoy pero descubrirás otras pasiones.
Hubo un silencio incomodo. Me levanté.
—Adiós, Borges de 1918.
—Adiós, Borges de 1969.
—Hace tiempo que deseaba verte —dije.
—Yo esperaba no hacerlo.
Charlamos ya sin la sorpresa del primer encuentro. Entonces pregunté:
—¿Soy, en esencia, el mismo que seré en el futuro?
—Indudablemente no. Cambiaras, sin darte cuenta.
—Tengo claro quien soy y mis convicciones no cambian. Un hombre es sus convicciones. Sin ellas...
—Cambiarán tus convicciones, incluso tus recuerdos. Harás lo que negaste, aceptarás lo inaceptable, te aburrirá lo amado hoy pero descubrirás otras pasiones.
Hubo un silencio incomodo. Me levanté.
—Adiós, Borges de 1918.
—Adiós, Borges de 1969.