Aviones de papel
Clara, 41, Sevilla
Al niño se le iluminó la mirada: el viento le traía otro avión de papel de su mejor amigo.
Entonces recordó que ya no estaban allí, ni su amigo ni sus aviones de papel. Aquello debía de ser otra cosa.
El zumbido gris oscuro, cada vez más cerca, atravesó el cielo como un taimado vigilante, helándole el corazón, y corrió a refugiarse. Otra vez.
Cuando el rumor se alejó, el niño se levantó. Intentando olvidar, buscó unos trozos de caucho viejo y los retorció hasta formar una pelota.
Hay cosas que nunca cambian, y, sin embargo, lo cambian todo.
Entonces recordó que ya no estaban allí, ni su amigo ni sus aviones de papel. Aquello debía de ser otra cosa.
El zumbido gris oscuro, cada vez más cerca, atravesó el cielo como un taimado vigilante, helándole el corazón, y corrió a refugiarse. Otra vez.
Cuando el rumor se alejó, el niño se levantó. Intentando olvidar, buscó unos trozos de caucho viejo y los retorció hasta formar una pelota.
Hay cosas que nunca cambian, y, sin embargo, lo cambian todo.