SOLO
Fernando, 72, VALLADOLID
Me acompañaba mi hermosa madre; nuestro padre hubo determinado desaparecer de nuestras vidas. Llevaba mi documento de identidad, un informe médico y sendas declaraciones juradas de dos testigos; el párroco, que siempre me malinterpretó, como mi padre, no quiso comparecer.
Fuimos recibidos por el Juez y el Fiscal.
Tomaron los documentos que llevábamos, los unieron a un informe resolutorio de la Delegación de Sanidad que ya tenía el juzgado y se interesaron por de mi tratamiento. A continuación, preguntaron mi edad y mi nombre: “dieciséis y Mariola,” dije; y luego que como me quería llamar: “Mario”, confirmé.
Fuimos recibidos por el Juez y el Fiscal.
Tomaron los documentos que llevábamos, los unieron a un informe resolutorio de la Delegación de Sanidad que ya tenía el juzgado y se interesaron por de mi tratamiento. A continuación, preguntaron mi edad y mi nombre: “dieciséis y Mariola,” dije; y luego que como me quería llamar: “Mario”, confirmé.