El destino de doña Filomena
Aurelio, 59, A Coruña
El destino, ese escribano, había trazado con pulso tembloroso la vida entera de doña Filomena, desde las primeras lágrimas hasta el último bostezo. Pero esa mañana doña Filomena salió sin paraguas, sin rumbo, sin reloj, y al llegar a la esquina donde siempre doblaba a la derecha para ir al mercado, giró a la izquierda, por error según ella, por milagro según el gato que la siguió desde entonces, y que vio de refilón la cornisa a la derecha cayendo sobre la acera. Y el destino, que había apostado por la derecha, rio y se sirvió una copa.