Nueva cartografía
Luis, 61, VILLENA
Al principio evitaba su reflejo en el espejo. Cruzar la mirada por esa nueva llanura y su línea rosada, burda y hostil, no hacía más que destacar la asimetría y crearle un vacío doloroso. Contemplarse era como reconocer el mapa de una derrota. Sin embargo, el tiempo sanó el luto por su propio cuerpo. La vida, terca, reclamó su espacio. Ayer descubrió que ya no le dolía mirarse. La cicatriz ya no marca una ausencia, sino que se ha convertido en el faro luminoso que le muestra cómo andar el camino que le queda por vivir.