La grieta
Yani, 19, Pontevedra
La taza llevaba años en la misma estantería. Había sobrevivido a mudanzas, caídas y despedidas.
Una mañana apareció una pequeña grieta.
Pensó en tirarla, pero siguió usándola. Con el tiempo, el café se enfriaba antes y la grieta se hacía más visible.
Un día comprendió que aquella taza se parecía demasiado a él.
Ya no era la misma de antes.
Y, sin embargo, seguía sirviendo para empezar cada mañana.
Una mañana apareció una pequeña grieta.
Pensó en tirarla, pero siguió usándola. Con el tiempo, el café se enfriaba antes y la grieta se hacía más visible.
Un día comprendió que aquella taza se parecía demasiado a él.
Ya no era la misma de antes.
Y, sin embargo, seguía sirviendo para empezar cada mañana.