Dos extraños, conocidos
Sofia, 16, Alovera
El espejo del baño insistía en reflejar a dos extraños de rostros arrugados y movimientos lentos. Fuera, la ciudad corría tan rápido que la gente te ayudaba a cruzar. El tiempo avanzaba demasiado rápido, convirtiendo nuestra juventud en un recuerdo y transformándolo todo en un lugar irreconocible. Cada instante cambiaba nuestro reflejo: a veces aparecían nuevas arrugas, otras veces, no aparecíamos. El reflejo del espejo repetía cada caricia tuya sobre mi piel; me quitabas años.
Una noche, el espejo solo reflejó a la extraña. Ella sonrió y susurró: Gracias por estos años de oro.
Una noche, el espejo solo reflejó a la extraña. Ella sonrió y susurró: Gracias por estos años de oro.