Hijo pródigo
Rosebud, 47, Culleredo
Siempre que lo llevaba al parque se tiraba por aquel tobogán, un tubo largo y rojo, que se retorcía al final. A él le divertía mucho. A mí me angustiaba verlo desaparecer aunque fuese solo unos segundos.
Nadie supo explicarme qué pasó. El caso es que entró por un lado y no salió por el otro. Pasé muchos años frente al tobogán viendo a miles de niños entrar y salir. Una tarde apareció. Estaba mucho más alto, más fuerte: había cambiado. Y ya no me dio miedo perderlo de vista otra vez.
Nadie supo explicarme qué pasó. El caso es que entró por un lado y no salió por el otro. Pasé muchos años frente al tobogán viendo a miles de niños entrar y salir. Una tarde apareció. Estaba mucho más alto, más fuerte: había cambiado. Y ya no me dio miedo perderlo de vista otra vez.