Cambio
Modesto, 63, A Coruña
Miró el reloj de pared por enésima vez. Notaba el aire tan pesado que casi lo masticaba. Intentó controlar la respiración fijando de nuevo la mirada en el reloj. Tic-tac. Llevaba trabajando en la empresa dos años, siete meses y cinco días: una condena.
Ordenó la mesa y apagó el ordenador. Se levantó y caminó hacia la salida, sin dudas, con paso firme. El edificio quedó atrás en pocos segundos, se detuvo y respiró de forma ansiosa. Se giró y recordó las números veces que había hecho ese trayecto. Tuvo claro que jamás lo recorrerla de nuevo. Nunca volvería.
Ordenó la mesa y apagó el ordenador. Se levantó y caminó hacia la salida, sin dudas, con paso firme. El edificio quedó atrás en pocos segundos, se detuvo y respiró de forma ansiosa. Se giró y recordó las números veces que había hecho ese trayecto. Tuvo claro que jamás lo recorrerla de nuevo. Nunca volvería.