Un cambio demoledor
Bea, 56, A Estrada (Pontevedra)
Su risa, su fuerza, su vitalidad... Mi risa, mi fuerza, mi vitalidad... Su alegría al aprender a formar palabras, mi alegría por su descubrimiento; sus grandes ojos marrones contemplando corretear una mariquita por su mano, los mismos ojos que miraban el mundo con valentía, mis ojos enamorados de madre primeriza; sus lágrimas, sus caprichos, sus cumpleaños, sus pasitos torpes al correr, sus amigas, sus juegos, sus abrazos, su ropa preferida, su pantalón de "volvoretas"... su enfermedad. Mi fin.
Todo cambió aquella negra madrugada, en que su vida de seis años se apagó y la mía dejó de serlo.
Todo cambió aquella negra madrugada, en que su vida de seis años se apagó y la mía dejó de serlo.