El cuchillo
Queiroga, 39, BARDAOS (SANTA MARIA-SAN SADURNIÑO)
Mi padre siempre me cortaba el filete.
Primero en trozos diminutos. Luego en cuadrados más grandes, como si mi hambre también creciera con los años.
Una noche le dije:
—Ya puedo solo.
Él sonrió, pero no soltó el cuchillo enseguida. Lo dejó junto al plato con cuidado, como quien entrega algo más importante que un cubierto.
Yo corté el primer trozo torcido. Él fingió no verlo.
Desde entonces, a veces me mira comer en silencio.
Creo que crecer también consiste en aprender a no ayudar.
Primero en trozos diminutos. Luego en cuadrados más grandes, como si mi hambre también creciera con los años.
Una noche le dije:
—Ya puedo solo.
Él sonrió, pero no soltó el cuchillo enseguida. Lo dejó junto al plato con cuidado, como quien entrega algo más importante que un cubierto.
Yo corté el primer trozo torcido. Él fingió no verlo.
Desde entonces, a veces me mira comer en silencio.
Creo que crecer también consiste en aprender a no ayudar.