De pupitre a pizarra.
Maria, 36, SIMANCAS
Miré la fachada de arriba a abajo. Los nervios intentaban bloquearme y, con esa energía inexplicable propia de la adolescencia, subí el pie al bordillo que separaba la acera de la que sería mi nueva escuela.
Dentro, mi mirada capturaba la novedad a flashes. Los colores y la arquitectura moderna de un edificio que, en apenas un segundo, me atrapó.
Trece años después, el cuerpo volvía a temblarme al cruzar aquella puerta. Pantalón de ejecutivo, carpeta repleta de información subrayada en la mano: todo lo necesario. Al salir, supe que sería mi casa para siempre.
Dentro, mi mirada capturaba la novedad a flashes. Los colores y la arquitectura moderna de un edificio que, en apenas un segundo, me atrapó.
Trece años después, el cuerpo volvía a temblarme al cruzar aquella puerta. Pantalón de ejecutivo, carpeta repleta de información subrayada en la mano: todo lo necesario. Al salir, supe que sería mi casa para siempre.