El cartógrafo de imposibles
Señora Gladis, 43, Tarragona
Nadie sabía de dónde venía el hombre que dibujaba mapas de destinos ajenos. Llegaba en silencio, abría su cuaderno de piel y trazaba líneas invisibles entre vidas rotas, decisiones mínimas, trenes perdidos. Un susurro bastaba y el rumbo cambiaba.
Una noche, alguien preguntó:
—¿Y el suyo?
Sonrió, triste.
—Mi mapa aún se escribe.
Horas después, lo hallaron muerto, el cuaderno abierto sobre su pecho. En la última página, por primera vez, un trazo: una línea perfecta, recta, que nacía en su corazón y desembocaba, luminosa, en el de ella.
El destino no siempre avisa. A veces, simplemente llega.
Una noche, alguien preguntó:
—¿Y el suyo?
Sonrió, triste.
—Mi mapa aún se escribe.
Horas después, lo hallaron muerto, el cuaderno abierto sobre su pecho. En la última página, por primera vez, un trazo: una línea perfecta, recta, que nacía en su corazón y desembocaba, luminosa, en el de ella.
El destino no siempre avisa. A veces, simplemente llega.