Apaga y vámonos
Pas, 52, A CORUÑA
Apagaron el monitor de constantes vitales y todo se convirtió en silencio. Mi mano seguía rodeando la suya, envuelta en lágrimas.
Un nudo se aparcó en mi garganta, cortando el aire, mientras en mi cabeza mil recuerdos entrechocaban.
«Se acabó».
Lo había hecho: dos días más manteniendo el tipo, simulando ser la abnegada hija, y por fin ese ser cruel que destrozó nuestra inocencia y, con ella, nuestra vida, desaparecería para siempre.
Un nudo se aparcó en mi garganta, cortando el aire, mientras en mi cabeza mil recuerdos entrechocaban.
«Se acabó».
Lo había hecho: dos días más manteniendo el tipo, simulando ser la abnegada hija, y por fin ese ser cruel que destrozó nuestra inocencia y, con ella, nuestra vida, desaparecería para siempre.