NECESITO UN CAMBIO...
Susana, 76, Valdemoro
Cada mañana, el viejo relojero limpiaba los engranajes con obsesiva precisión. Detestaba los cambios. Para él, el orden del mundo residía en la perfecta monotonía del tic-tac.
Sin embargo, una tarde de otoño, el péndulo principal se detuvo sin motivo aparente. El hombre se alteró, buscando herramientas para corregir la anomalía. Fue en ese instante de silencio absoluto cuando escuchó, por primera vez en décadas, el canto de las golondrinas afuera y el crujido de las hojas secas. Al mirarse en el cristal, sonrió. El tiempo no se había roto; simplemente le estaba permitiendo comenzar a vivir. Simplemente…
Sin embargo, una tarde de otoño, el péndulo principal se detuvo sin motivo aparente. El hombre se alteró, buscando herramientas para corregir la anomalía. Fue en ese instante de silencio absoluto cuando escuchó, por primera vez en décadas, el canto de las golondrinas afuera y el crujido de las hojas secas. Al mirarse en el cristal, sonrió. El tiempo no se había roto; simplemente le estaba permitiendo comenzar a vivir. Simplemente…