Separación
Beatriz, 55, Valladolid
Tu sonrisa ya no acariciará mis ojos, ni mis oídos vibrarán al ritmo de tu risa. Hoy un lazo de acero aprieta mis pulmones y me impide respirar. Siento tu abrazo cálido que intenta secar mis lágrimas y te abrazo más fuerte todavía. ¡No te vayas, no puedo dejarte ir! Años y años paladeando el sabor dulce de la felicidad, bebiendo a sorbos el placer de tenerte siempre cerca. Pero hoy te has hecho mayor y necesitas marcharte para seguir creciendo en otra ciudad, otro país. El comienzo de otra vida que poco a poco me irá convirtiendo en recuerdo....