CAST / GAL

Soy otra
Ana María, 62, El Barco de Valdeorras

Esta mañana me desperté y había perdido la vergüenza.
Todo lo demás seguía en su sitio: las seis en punto, el pelo enmarañado, el aliento ácido y el sueño espeso aún prendido de mis párpados. Me quedé frente al espejo, buscando algún rastro entre los pliegues de mi reflejo, pero no había ni uno.
Salí de casa más ligera, con paso firme, sin el disfraz que suelo llevar cada día.
Nadie me reconoció.
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