Evolución
Sara, 38, Palencia
Nadie lo notó, pero mis alas no crecieron en cuestión de segundos; las fui tejiendo con cada obstáculo, con cada caída, con el anhelo de un abrazo y con la tristeza de cada despedida. Y dicen que ya no soy yo, que no soy la misma, pero lo que desconocen es que, para mí, ya no soy una desconocida.