Invierno
Alejaime, 40, Ferrol
Era invierno. Por los huecos de las lamas de la persiana, los rayos del sol pugnaban por vencer la oscuridad de la habitación. Estábamos tumbados sobre un colchón, en el suelo. Me miró a los ojos y dijo:
—Tienes que abrazar el cambio.
Sabía a qué se refería. Abrazar, y no dejarse abrazar, me devolvía el control sobre algo que no podía dominar, porque la vida es salvaje y solo se puede viajar sobre ella.
Miré la ventana y subí la persiana.
—Tienes que abrazar el cambio.
Sabía a qué se refería. Abrazar, y no dejarse abrazar, me devolvía el control sobre algo que no podía dominar, porque la vida es salvaje y solo se puede viajar sobre ella.
Miré la ventana y subí la persiana.