Umbral
Julio, 59, Caldelas de Tui
La grieta apareció una mañana cualquiera, fina como un suspiro, en la pared que siempre había sido sólida. Nadie la vio crecer, pero todos empezaron a hablar más bajo. Con el paso de los días, la luz entró por allí de una forma distinta, revelando polvo antiguo y colores olvidados. Entonces comprendieron que no era la casa la que cambiaba, sino ellos, obligados a mirarse sin costumbre. Cuando por fin alguien tocó la grieta, ya era una puerta.