Crónica de una muerte anunciada
Irene V.R, 27, Barcelona
Cojo las llaves de casa y pulso el botón del ascensor. Frena en el tercero. Entra una pareja joven sin saludar. Pensativa, me pregunto de donde serán esta semana. María murió hace unos meses y a Joan le han mandado a una residencia. Su alquiler de renda antigua es ahora un piso turístico. Salgo a la calle y recorro el mismo camino de siempre, sin lo de siempre, dirección al metro. El colmado de Sergio es ahora un trastero, la cafetería de Txell es ahora un "brunch".
Me pregunto si yo también tendré que cambiar para que Barcelona me quiera.
Me pregunto si yo también tendré que cambiar para que Barcelona me quiera.