CAST / GAL

Tatuajes
Rocío de Urda, 46, A Coruña

El cáncer de mama fue una ola que me golpeó fuerte; me sacudió, me paró en seco; fue en esa tempestad donde encontré un nuevo rumbo.
A mis 46 años aprendí que la felicidad no está en la prisa, sino en esa fluidez daliniana del cortometraje “Destino”, donde todo encaja mágicamente.
Mis cicatrices, nuevos “tatuajes” en mi piel, son mi pintura surrealista favorita, mi mapa del tesoro, testimonio de mi renacer.
Hoy disfruto más que nunca de los pequeños placeres.
Saborear lo simple es mi súper poder y vivir despacio es mi gran lujo.
Y esta paz, mi verdadero destino.
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