VELOCIDAD
Joaquin, 63, Navacerrada
Se sentía como el ave que no puede volar, como el perro que no quiere nadie. "No te enfades, pero no nos volveremos a ver". Estas palabras se repetían en su mente como un eco maldito desde el balcón del decimocuarto piso donde saltó al vacío, justo en el mismo instante en que sonó su teléfono.