Escalofrío
Noelika, 46, San Sebastián de los Reyes
Desde que llegué a Sesimbra, todas las mañanas me despierto con ganas de subir al castillo que, imponente, vigila el mar. Mi problema: no tengo coche y no estoy en forma para ir caminando. Un día sueño que soy un valiente caballero que protege el castillo. Me levanto y emprendo la empinada subida. Tras casi una hora de trayecto y completamente agotado, atravieso la Puerta del Sol. Diviso un pequeño cementerio y curioseo entre sus tumbas: un escalofrío recorre mi cuerpo al leer, en una de las lápidas, mi nombre y apellidos con fecha de fallecimiento doscientos años atrás.