CAST / GAL

LA VIDA EN CAMBIO
CHARRITA SALMANTINA, 48, SALAMANCA

De niño, Martín corría detrás de atardeceres creyendo que el tiempo era infinito. Aprendió a amar, a caer, a levantarse. Descubrió que la felicidad vivía en los pequeños momentos: una mesa compartida, una risa conocida, una mano que acompaña.
Con el paso de los años sus cabellos platearon y ralentizaron sus pasos, pero llenaron su corazón de recuerdos. A veces sintió nostalgia por lo que quedó atrás; sin embargo, al mirar su vida comprendió que cada arruga guardaba una historia y cada despedida había dejado una enseñanza. Entonces sonrió: el tiempo no le había quitado juventud, le había regalado plenitud.
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