Segunda Lectura
Kamela, 59, Betanzos
A los veinte años, subrayó aquel libro viejo con líneas rojas, indignado por el egoísmo del villano y conmovido por la pureza del héroe. Le pareció una obra perfecta, una verdad absoluta escrita sobre papel.Hoy, dos décadas después, regresó a las mismas páginas.Para su sorpresa, los párrafos no habían envejecido igual. Al leerlos con madurez, descubrió que las razones del malvado eran lógicas y la bondad del protagonista resultaba hipócrita.
Cenando en silencio, miró sus marcas rojas del pasado y comprendió que el texto seguía idéntico; era su propia vida la que había reescrito la historia.
Cenando en silencio, miró sus marcas rojas del pasado y comprendió que el texto seguía idéntico; era su propia vida la que había reescrito la historia.