SIN ELLA
JAM Viñas, 59, Villares de la Reina (Salamanca)
—Mamá, siéntate mientras preparamos la cena.
Una de sus hijas le acerca varias fotos. Su mirada revolotea por los retratos, pero no identifica a nadie, ni siquiera a sí misma. Ya no reconoce su casa, pero sí un hogar acogedor.
Sin recuerdo, la palabra vive en el sótano. Sin memoria, la voz se hace jardín estéril. No hay rosas, no hay petunias, no hay hortensias, solo enredaderas que escalan las tapias sin control. Un circunloquio de soledad se abalanza sobre la brevedad del tiempo. Y, finalmente, el adiós, el silencio, la última mudanza.
Una de sus hijas le acerca varias fotos. Su mirada revolotea por los retratos, pero no identifica a nadie, ni siquiera a sí misma. Ya no reconoce su casa, pero sí un hogar acogedor.
Sin recuerdo, la palabra vive en el sótano. Sin memoria, la voz se hace jardín estéril. No hay rosas, no hay petunias, no hay hortensias, solo enredaderas que escalan las tapias sin control. Un circunloquio de soledad se abalanza sobre la brevedad del tiempo. Y, finalmente, el adiós, el silencio, la última mudanza.