EL COMPAÑERO
LETICIA, 42, Cardeñadijo
Destino siempre fue el niño más pequeño de la clase. Era quien quedaba fuera de los juegos, nadie lo elegía. Quizá fuera por su tendencia reservada y observadora, casi jugando al mimetismo. Si alguien se dirigía a él, nunca contestaba. Se limitaba a poner cara de asombro, como si no pudiera hablar.
Sus compañeros se habían acostumbrado a esa presencia que les acompañaba. Nadie lo nombraba, nadie esperaba nada de él.
Nunca supieron que prometió honrar el nombre de su madre antes de morir.
Que nadie le conociera le hacía cumplir su promesa y que Libertad fuera venerada.
Sus compañeros se habían acostumbrado a esa presencia que les acompañaba. Nadie lo nombraba, nadie esperaba nada de él.
Nunca supieron que prometió honrar el nombre de su madre antes de morir.
Que nadie le conociera le hacía cumplir su promesa y que Libertad fuera venerada.