Dame un beso, Toño
Carmen, 73, Gijón (Asturias)
-¡Dame un beso, Toño!
Lo supieron desde los primeros meses. La prueba fue clara, incuestionable. Sólo había dos opciones: Aceptarlo o destruirlo y había que decidirlo pronto.
No eran religiosos, pero decidieron apostar por esa vida próxima y desconocida.
Nacho nació grande y fuerte, un niño sano con síndrome de Down.
Enseguida empezó a sonreír y muy pronto abrazaba y besuqueaba con entusiasmo a todos los miembros de la familia.
Su risa era motivo suficiente para sentirse agradecido al nuevo día todas las mañanas.
Hoy sigue siendo un gran estímulo y el mejor antidepresivo para nosotros.
-¡Dame un beso, Toño!
Lo supieron desde los primeros meses. La prueba fue clara, incuestionable. Sólo había dos opciones: Aceptarlo o destruirlo y había que decidirlo pronto.
No eran religiosos, pero decidieron apostar por esa vida próxima y desconocida.
Nacho nació grande y fuerte, un niño sano con síndrome de Down.
Enseguida empezó a sonreír y muy pronto abrazaba y besuqueaba con entusiasmo a todos los miembros de la familia.
Su risa era motivo suficiente para sentirse agradecido al nuevo día todas las mañanas.
Hoy sigue siendo un gran estímulo y el mejor antidepresivo para nosotros.
-¡Dame un beso, Toño!