EL HADO
Víctor M. Paúl, 39, Burgos
Aquella jornada transcurrió como tantas otras, mi destino estaba guiado por una enervante monotonía. Pero aquella noche de frío invierno en el que gélido viento golpeaba mi faz sin piedad, todo iba a ser diferente. Enarbolado por la insoportable apatía me detuve junto a la barandilla de aquel puente, miré hacia abajo oteando la furia con la que las aguas descendían. Estaba decidido, el umbroso cielo nocturno sería mi testigo. Di un paso y...
-Espera- un angelical voz llamó mi atención. Torné mi rostro intrigado, observado la majestuosidad hecha carne, ¿Mi destino podía cambiar con una sola palabra?
-Espera- un angelical voz llamó mi atención. Torné mi rostro intrigado, observado la majestuosidad hecha carne, ¿Mi destino podía cambiar con una sola palabra?