Sed de vida
Eva, 33, Palencia
Onit Sed paseaba todos los días por aquella ciudad observando a sus habitantes.
Sabe que algunos niegan su existencia o lo ignoran, mientras otros le miran directamente a los ojos —se encuentra con miradas desafiantes, pero también hay otras cargadas de aceptación, deseo e incluso de resignación—.
Cuando conoció a Carla se sintió por primera vez en peligro. Vio algo en su expresión que le hizo estremecer.
—¿Crees en mí? —dijo Onit Sed.
—Creo más en mí misma —respondió Carla.
Se alejó asustado. En aquel momento algo había cambiado. Él había cambiado.
Sabe que algunos niegan su existencia o lo ignoran, mientras otros le miran directamente a los ojos —se encuentra con miradas desafiantes, pero también hay otras cargadas de aceptación, deseo e incluso de resignación—.
Cuando conoció a Carla se sintió por primera vez en peligro. Vio algo en su expresión que le hizo estremecer.
—¿Crees en mí? —dijo Onit Sed.
—Creo más en mí misma —respondió Carla.
Se alejó asustado. En aquel momento algo había cambiado. Él había cambiado.