CAST / GAL

El destino tachado
Vanesa, 37, San Román de Bembibre

Escuché que el destino estaba escrito.

Lo busqué en los astros, en la tinta de las manos, en la saliva de los oráculos. Pero encontré solo tachones. Había un párrafo para mí, sí, pero borrado a golpes de goma, reescrito con torpeza, lleno de correcciones en rojo.

Comprendí entonces que no era yo quien habitaba en su plan, sino él quien sobrevivía en mis errores.

El destino no era un texto sagrado, es un borrador a mi disposición.

Y cada vez que me equivoco, el papel cruje: porque gracias a mis tropiezos, sigue teniendo algo que escribir.
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