Libertad
Victoria, 44, Vigo
Levanté la cabeza al escuchar a aquella mujer dirigirse a mí:
- ¿Estás a la cola?
Su voz enérgica contrastaba con mi espíritu doblegado y triste.
El suave vaivén del mar y la luz estival inundando cada átomo del paisaje me tenía absorta y prácticamente fuera de mí.
Me di cuenta que estaba en medio de la cola para el embarque en el ferry. Algo en mí despertó y salí corriendo a comprar mi billete. Ya no era una carrera de huída, sino de esperanza y por fin de ilusión.
Años después supe que fue un billete hacia mi libertad.
- ¿Estás a la cola?
Su voz enérgica contrastaba con mi espíritu doblegado y triste.
El suave vaivén del mar y la luz estival inundando cada átomo del paisaje me tenía absorta y prácticamente fuera de mí.
Me di cuenta que estaba en medio de la cola para el embarque en el ferry. Algo en mí despertó y salí corriendo a comprar mi billete. Ya no era una carrera de huída, sino de esperanza y por fin de ilusión.
Años después supe que fue un billete hacia mi libertad.