CAST / GAL

Sino aciago
David de la Dehesa Valdés, 44, Zamora

El destino la arrastró como un río oscuro, implacable. Había soñado con un mañana distinto, pero cada paso la acercaba al mismo abismo: soledad, pérdida, silencio. Las promesas que alguna vez iluminaron su vida se deshicieron en cenizas, y comprendió, demasiado tarde, que nadie escapa a lo escrito. El tiempo, cruel y paciente, borró los nombres, los abrazos y hasta su propia voz. En la penumbra de su último suspiro, sintió que el destino no era más que un verdugo disfrazado de esperanza. Y lloró, no por lo vivido, sino por lo que nunca llegaría a ser.
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