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DE ALQUILER EN ALQUILER
ANA MARÍA, 60, Logroño

Anoche escuché a mis padres hablar en susurros: “El casero no renueva el contrato”. Yo temblé de miedo. “Seguro que cambiamos de casa otra vez”, y apreté los dientes por no llorar.
La primera vez tenía ocho años. Despidieron a mamá del trabajo y nos fuimos a una casa más asequible. Seis meses después, trasladaron la empresa de papá a otra ciudad y allá nos mudamos.
Ahora que las cosas estaban saliendo bien, vuelve a pasar y por mi culpa: ayer, con mi súper chut, rompí la pantalla del televisor del dueño de la casa. “¡Serás moñaca!”, soltó mi hermano.
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