La puerta
Anónimo, 38, Pontevedra
Los cambios más grandes nunca piden permiso. Llegan cuando menos los esperas y, aunque al principio asusten, casi siempre esconden una oportunidad para volver a empezar.
El mío empezó el día en que comprendí que mi corazón ya no corría, apenas resistía. Abracé el miedo hasta entender que seguir donde no era feliz dolía más que marcharme. Di el paso, temblando, sin imaginar que, al soltar lo que me rompía, volvería a encontrarme.
A veces, que la vida no salga como la imaginamos es lo que necesitábamos.
Desde entonces, cuando el cambio llama, ya no temo. Le abro la puerta.
El mío empezó el día en que comprendí que mi corazón ya no corría, apenas resistía. Abracé el miedo hasta entender que seguir donde no era feliz dolía más que marcharme. Di el paso, temblando, sin imaginar que, al soltar lo que me rompía, volvería a encontrarme.
A veces, que la vida no salga como la imaginamos es lo que necesitábamos.
Desde entonces, cuando el cambio llama, ya no temo. Le abro la puerta.