Frente a mí.
Nathalie, 32, A Coruña
Fue de repente cuando lo sentí.
Un golpe seco y sordo.
No podía creer lo que mis ojos veían, lo que más temía.
Justo ahí, estaba esperando por mí.
Riéndose como si supiera el final.
Él, una consecuencia de todas mis decisiones.
Lo miré y asentí. Esta vez no podía dejarlo escapar.
Era yo. El destino volvía a tocar mi puerta.
Un golpe seco y sordo.
No podía creer lo que mis ojos veían, lo que más temía.
Justo ahí, estaba esperando por mí.
Riéndose como si supiera el final.
Él, una consecuencia de todas mis decisiones.
Lo miré y asentí. Esta vez no podía dejarlo escapar.
Era yo. El destino volvía a tocar mi puerta.