Alas prestadas
Remedios, 50, Almargen (Málaga)
Miró el capullo de seda vacío sobre la rama seca. Recordó el vértigo del encierro, el miedo a la asfixia y la dolorosa metamorfosis que estiró sus músculos hasta el límite. Fuera, el jardín florecía ajeno a su pasada agonía. Extendió las alas, aún húmedas, y sintió el aire fresco de la mañana. Ya no era la criatura arrastrada que temía la altura; ahora el cielo le pertenecía. Los cambios no destruyen el ser. Simplemente lo liberan. Con un leve impulso, se lanzó al abismo, lista para volar.