Destino
logotoma, 50, Valladolid
Seguía corriendo.
Bajaba la calle todo lo rápido que podía, sin detenerse, sin mirar atrás.
Sus zancadas resonaban por la calle desierta, apenas iluminada a esas altas horas de la noche.
Estaba huyendo de lo inevitable. Si no era esa noche, sería cualquier otra, no había vuelta atrás en el camino que había tomado. Podría haberse detenido, haber cambiado, haber huido antes, pero no lo hizo.
La calle se bifurcaba mas adelante, y tenía que decidir por dónde seguir.
Apenas pensó una milésima de segundo y giró a la derecha.
A veces el destino se decide en una sola decisión.
Bajaba la calle todo lo rápido que podía, sin detenerse, sin mirar atrás.
Sus zancadas resonaban por la calle desierta, apenas iluminada a esas altas horas de la noche.
Estaba huyendo de lo inevitable. Si no era esa noche, sería cualquier otra, no había vuelta atrás en el camino que había tomado. Podría haberse detenido, haber cambiado, haber huido antes, pero no lo hizo.
La calle se bifurcaba mas adelante, y tenía que decidir por dónde seguir.
Apenas pensó una milésima de segundo y giró a la derecha.
A veces el destino se decide en una sola decisión.