Mi turno
Jimena, 15, Ávila
Nunca paso por este supermercado, pero hoy algo me ha dirigido allí, como si se tratara del hilo rojo del destino que nos une con este.
Los pasillos están desiertos, no hay nadie. Pero, en el fondo, el cuerpo de un hombre vestido de cajero yace entre charcos luminosos de los frigoríficos... y de sangre. Su sangre.
Las puertas se cierran tras de mí.
El zumbido de las luces se intensifica.
Algo se mueve entre las estanterías.
Intento retroceder, pero no puedo.
Caigo al suelo y entonces lo escucho: mi nombre repitiéndose en susurros.
No estoy sola, nunca lo estuve.
Los pasillos están desiertos, no hay nadie. Pero, en el fondo, el cuerpo de un hombre vestido de cajero yace entre charcos luminosos de los frigoríficos... y de sangre. Su sangre.
Las puertas se cierran tras de mí.
El zumbido de las luces se intensifica.
Algo se mueve entre las estanterías.
Intento retroceder, pero no puedo.
Caigo al suelo y entonces lo escucho: mi nombre repitiéndose en susurros.
No estoy sola, nunca lo estuve.