Encuentro
Esther, 52, Ponferrada
Después de 20 años volví a verle. Fue en unas escaleras mecánicas, unos pocos segundos, suficientes para que mi corazón se desbocara y quisiera salir de mi pecho. El tiempo había tratado con mimo ese rostro perfecto suyo. Empecé a sentir que un mar de lágrimas intentaban desbordar mis ojos. "¿Te encuentras bien?" Escuché, "Si", respondí, sin poder girarme hacía el hombre que sujetaba mi mano. Y entonces me viste y, como yo, me reconociste al instante, tú sonrisa fue la más cálida del mundo y en ese momento me di cuenta de que mi vida era una mentira.