Júbilo
Themis, 33, Ferrol
Xán remaba tan rápido y tan fuerte como su cuerpo le permitía. Sus músculos ardían de dolor por el esfuerzo y podía sentir como sus palmas se humedecían por algo más que sudor, pero tenía que continuar y llegar al puerto.
El sol estaba desapareciendo en el horizonte (demasiado rápido, demasiado rápido) con una velocidad que no parecía natural y que convertía los escasos minutos que le quedaban para llegar a tierra en una terrible eternidad.
Una nueva sombra se unió a las muchas que rodeaban ya su bote y sus risas (oh, ¡sus risas!) se renovaron una vez más.
El sol estaba desapareciendo en el horizonte (demasiado rápido, demasiado rápido) con una velocidad que no parecía natural y que convertía los escasos minutos que le quedaban para llegar a tierra en una terrible eternidad.
Una nueva sombra se unió a las muchas que rodeaban ya su bote y sus risas (oh, ¡sus risas!) se renovaron una vez más.