Estaba en la cola del súper, justo detrás de mí
Queiroga, 37, Narón
Traje oscuro, carrito vacío, sonrisa educada.
—¿Solo eso llevas? —me preguntó.
Asentí.
—Te toca.
No entendí si hablaba del turno… o de otra cosa.
Pasé mis productos. El datáfono pitó.
Sin saldo.
—No te preocupes —dijo—. Hoy invito yo.
Y me rozó la mano.
Fría.
Desde entonces, no recuerdo haber salido.
Solo estoy aquí, esperando a que otro olvide algo en el carrito…
Y poder decirle, con una sonrisa:
—Te toca.
—¿Solo eso llevas? —me preguntó.
Asentí.
—Te toca.
No entendí si hablaba del turno… o de otra cosa.
Pasé mis productos. El datáfono pitó.
Sin saldo.
—No te preocupes —dijo—. Hoy invito yo.
Y me rozó la mano.
Fría.
Desde entonces, no recuerdo haber salido.
Solo estoy aquí, esperando a que otro olvide algo en el carrito…
Y poder decirle, con una sonrisa:
—Te toca.