CAST / GAL

La hora del café
Jorge Collado, 30, Madrid

El día que te fuiste, el reloj de la cocina se detuvo.
No lo arreglé: es mi forma de conservar el momento en que todavía estabas.
Cada mañana pongo dos tazas de café; la tuya espera, tibia, como si en cualquier instante fueras a entrar.
Me gusta imaginar que, en otro lugar, tomamos ese café juntos.
Y que cuando mi hora llegue, nos encontremos en ese instante detenido, donde el tiempo es solo nuestro,
y pueda aferrarme a ese café tibio, esperando la sonrisa y el abrazo que siempre prometiste.
Compartir: