Tropezar con la misma piedra
Leyla, 22, Salamanca
Tropezó con la piedra exacta que esquivaba cada mañana. Se cayó, perdió el autobús, llegó tarde al trabajo. Lo despidieron. Pero eso ya lo veía venir. Maldecía su mala suerte cuando vio un papel tirado en la acera: “¿Destino o casualidad?” Eso ponía. Respondió la pregunta sin pensar.
Años después, con otro trabajo, se tropezó con otra piedra. Otra que esquivaba cada mañana. Se cayó, perdió el tren, pero llegó a tiempo. No lo despidieron, pero había un papel en su escritorio: “¿Destino o casualidad?”. Lo leyó y lo guardó en el cajón.
Ese era su trabajo número cien.
Años después, con otro trabajo, se tropezó con otra piedra. Otra que esquivaba cada mañana. Se cayó, perdió el tren, pero llegó a tiempo. No lo despidieron, pero había un papel en su escritorio: “¿Destino o casualidad?”. Lo leyó y lo guardó en el cajón.
Ese era su trabajo número cien.