LIMÓN ENDULZADO
Pipita, 38, Madrid
Nuestras miradas se cruzaron al coger de la cámara frigorífica una tarrina de helado. Él de chocolate, yo de limón.
De esa elección tan dispar se desprendían matices de caracteres incompatibles. Pero su sonrisa hizo darme cuenta de que el sabor ácido que tanto me gustaba merecía endulzarse.
El tiempo pareció detenerse. Mi alrededor daba vueltas. Todo estaba borroso, salvo sus ojos verdes en los que podía verme reflejada. Aquel veintiuno de marzo me sentí como en la librería londinense de Notting Hill, en el momento en el que el protagonista queda hechizado por los encantos de la actriz.
De esa elección tan dispar se desprendían matices de caracteres incompatibles. Pero su sonrisa hizo darme cuenta de que el sabor ácido que tanto me gustaba merecía endulzarse.
El tiempo pareció detenerse. Mi alrededor daba vueltas. Todo estaba borroso, salvo sus ojos verdes en los que podía verme reflejada. Aquel veintiuno de marzo me sentí como en la librería londinense de Notting Hill, en el momento en el que el protagonista queda hechizado por los encantos de la actriz.