El hilo invisible
ARCCTIDAE, 46, Laracha
Bajo la luz incierta del amanecer, caminé sin mapa.
Cada cruce era un susurro, cada sombra, un acertijo.
No entendía por qué la brisa me empujaba hacia el bosque ni por qué las piedras parecían alinearse bajo mis pies.
Solo al llegar al claro, donde un árbol viejo guardaba mi nombre tallado en su corteza, lo comprendí: no había estado perdido, sino guiado.
El destino no era un punto final, sino un hilo invisible tejido por mis propias elecciones.
Y mientras lo tocaba, sentí cómo nuevas palabras se escribían, cambiando para siempre el final que creía conocer.
Cada cruce era un susurro, cada sombra, un acertijo.
No entendía por qué la brisa me empujaba hacia el bosque ni por qué las piedras parecían alinearse bajo mis pies.
Solo al llegar al claro, donde un árbol viejo guardaba mi nombre tallado en su corteza, lo comprendí: no había estado perdido, sino guiado.
El destino no era un punto final, sino un hilo invisible tejido por mis propias elecciones.
Y mientras lo tocaba, sentí cómo nuevas palabras se escribían, cambiando para siempre el final que creía conocer.